La potencia de una aerotermia se calcula a partir del calor que pierde tu vivienda en el día más frío previsto para tu localidad, no por metros cuadrados ni sumando el agua caliente. El método de referencia es el de la norma UNE-EN 12831-1: pérdidas por fachadas, ventanas y ventilación multiplicadas por la diferencia entre la temperatura interior y la exterior de cálculo. Para el piso de 90 m² de zona D que usamos de ejemplo en la web, sale una carga de unos 3,5 kW. Con reglas de 80–100 W/m² saldrían 7,2–9 kW: más del doble.
Ese margen, que en una caldera apenas se nota, en una bomba de calor se paga en arranques y paradas durante buena parte del invierno. Aquí tienes por qué, de dónde sale el exceso, el cálculo con un ejemplo resuelto y qué pedir al instalador.
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Por qué una bomba de calor demasiado grande trabaja peor
El compresor inverter de una aerotermia reduce su velocidad cuando la casa pide poco calor, pero solo hasta cierto punto. Por debajo de ese mínimo, la única forma de entregar menos es arrancar, calentar el agua del circuito, parar y volver a arrancar. Esos ciclos cortos restan eficiencia y desgastan el compresor. El reglamento europeo de ecodiseño (813/2013) lo recoge: si no se ha medido cómo se comporta a ciclos, aplica un coeficiente de degradación por defecto (0,9) que rebaja su COP.
Las fichas de ecodiseño dejan ver ese mínimo en el punto de +12 °C. La Vaillant aroTHERM plus VWL 75/6, en su certificado HP Keymark para clima medio y baja temperatura, se dimensiona para 6,6 kW. A +12 °C la carga de referencia es de 1 kW, pero la máquina declara 3,74 kW: no puede bajar más. La Mitsubishi Electric Ecodan Zubadan de 8 kW declara 3,0 kW a +12 °C frente a una carga de referencia de 1,2 kW. Son buenas máquinas; el problema aparece cuando se instalan en una casa que necesita mucho menos de lo que dan.
Esto no es teórico. En su campaña de medición en viviendas existentes, cerrada en 2025, el instituto alemán Fraunhofer ISE concluyó que muchas de las bombas de calor estaban sobredimensionadas respecto al consumo real y que algunas tenían una frecuencia de arranques muy alta (nota de prensa del Fraunhofer ISE, en alemán). A eso se suma lo evidente: el modelo de más potencia cuesta más.
De dónde sale el exceso de potencia
- Ratios por metro cuadrado heredados de las calderas. Sirven para no quedarse corto con un aparato al que le sobra potencia por diseño, no para afinar una bomba de calor.
- Márgenes que se suman. Un ratio prudente, una temperatura exterior más fría que la de cálculo, un «por si acaso» del instalador y otro del fabricante. Cada uno parece razonable; juntos doblan la cifra.
- Sumar el agua caliente como si fuera una caldera mixta. En aerotermia el agua caliente se acumula en un depósito y no pide potencia instantánea.
- Escalones de catálogo. Si el cálculo da 4,3 kW y la gama salta de 4 a 6, la tentación es subir dos escalones en lugar de uno.
- Miedo a la queja. Una casa fría genera una reclamación al día siguiente; una máquina sobrada solo se nota en el rendimiento, y eso casi nadie lo mide.
Hay un factor legítimo en sentido contrario: la potencia nominal suele medirse con aire a +7 °C y agua a 35 °C, y con frío y agua más caliente la máquina da menos. La solución no es subir dos tallas, sino mirar la potencia en el punto que te interesa.
El cálculo, paso a paso
1. Fija la temperatura interior y la exterior
Dentro, 21 °C, que es el límite inferior de la horquilla de confort de invierno del Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE). Fuera, la temperatura exterior de cálculo de tu localidad, que publica el IDAE en su guía de condiciones climáticas exteriores de proyecto; para viviendas se usa el percentil 99 %, es decir, una temperatura por debajo de la cual solo queda en torno al 1 % de las horas. Si tu pueblo no tiene estación, la guía propone partir de una cercana y restar 1 °C por cada 100 m de altitud de más. No uses la mínima histórica: es una vía clásica de sobredimensionar.
2. Suma las pérdidas por transmisión
Para cada fachada, ventana, cubierta o suelo en contacto con el exterior o con espacios sin calefacción, multiplica la superficie por su transmitancia térmica (U, en W/m²K: cuánto calor deja pasar cada metro cuadrado por cada grado de diferencia). Los valores de U salen del proyecto o del certificado energético, o los estima un técnico por la época de construcción. Las paredes que dan a una escalera o a un garaje sin calefacción cuentan con un factor reductor, y los forjados con vecinos calefactados arriba o abajo no cuentan. Añade un suplemento por puentes térmicos (pilares, frentes de forjado, cajas de persiana).
3. Añade las pérdidas por ventilación
El aire que se renueva hay que calentarlo. La pérdida es 0,34 × renovaciones por hora × volumen de la vivienda, en W/K. Unas ventanas viejas dejan entrar más aire del previsto; una ventilación mecánica con recuperador de calor reduce mucho esta partida.
4. Contrasta el resultado con lo que gastas hoy
Tus facturas son un control que muchos olvidan. Toma los kWh de gas que dedicas a calefacción (descuenta el agua caliente: el consumo de los meses de verano te da una idea de cuánto es), multiplícalos por el rendimiento de tu caldera (un 88 % en una de condensación) y tendrás el calor útil anual. La potencia aproximada es ese calor por la diferencia de temperaturas de cálculo, dividido entre los grados-día de tu localidad por 24. La guía del IDAE da los grados-día de cada estación. Este método suele dar algo menos que el cálculo por elementos, porque el sol y la propia actividad de la casa ya rebajan el consumo. Si los dos resultados difieren mucho, alguna hipótesis está mal. El certificado energético, si lo tienes, aporta otra pista con su demanda de calefacción en kWh por m² y año.
5. Deja el agua caliente para el depósito
Recargar un depósito de 200 litros de 12 a 50 °C requiere 8,8 kWh: unas 2,9 horas con 3 kW o 2,2 horas con 4 kW. Programada en las horas centrales del día, con el aire más templado y menos demanda de calefacción, no exige una máquina mayor. Si sois muchos y coincidís en las duchas, la solución suele ser más depósito, no más compresor.
6. Elige la máquina por su potencia en frío y decide el punto bivalente
Con la carga calculada, busca un modelo que la cubra a tu temperatura exterior de cálculo y con la temperatura de agua que necesitan tus emisores, y cuyo mínimo sea lo más bajo posible. Si se queda algo corto en el punto más frío, la resistencia o la caldera de apoyo cubren la diferencia en las horas extremas. La temperatura a la que la potencia de la máquina iguala la demanda de la casa es el punto bivalente. Cómo se comporta el equipo por debajo de ese punto, el desescarche y la opción híbrida los tratamos en el artículo sobre aerotermia en zonas frías.
Ejemplo resuelto: el piso de 90 m² de zona D
Es la misma vivienda de nuestras comparativas de coste: 90 m² en planta intermedia, construida en los años ochenta, con radiadores y una demanda útil de calefacción de 6.000 kWh al año. Los cerramientos y sus valores son hipótesis razonables para ese tipo de piso, no datos de un edificio concreto.
| Partida | Hipótesis | Pérdida (W/K) |
|---|---|---|
| Fachada opaca | 41 m² con U = 1,0 | 41,0 |
| Ventanas | 13 m² con U = 3,5 (aluminio sin rotura de puente térmico, doble vidrio) | 45,5 |
| Pared a la escalera sin calefacción | 15 m² con U = 1,5 y factor reductor de 0,4 | 9,0 |
| Puentes térmicos | Suplemento de 0,10 W/m²K sobre 54 m² de fachada | 5,4 |
| Ventilación | 0,5 renovaciones por hora en 225 m³ | 38,3 |
| Total | 139,2 |
Con 21 °C dentro y −4 °C fuera (una hipótesis de localidad de zona D; usa el dato de la tuya), el salto es de 25 °C: 139,2 W/K × 25 K = 3.480 W, unos 3,5 kW. Si se quiere reserva para recuperar temperatura después de una bajada nocturna del termostato, se le suele añadir un 10 %: 3,8 kW. Con una bomba de calor, que trabaja mejor a temperatura constante, esa reserva a menudo sobra.
El contraste con el consumo cuadra. Esos 6.000 kWh útiles equivalen a unos 6.818 kWh de gas con una caldera al 88 %. Con 1.800 a 2.000 grados-día, una hipótesis del orden de una localidad de zona D, la fórmula del paso 4 da entre 3,1 y 3,5 kW.
Ahora, frente a los ratios. El de 80 W/m² es el que usamos para estimar la potencia de una caldera, donde sobrar no tiene consecuencias; en una bomba de calor duplica la cifra:
| Método | Potencia | Horas equivalentes a plena carga |
|---|---|---|
| Cálculo de cargas | 3,5 kW | 1.725 h |
| 80 W/m² | 7,2 kW | 833 h |
| 100 W/m² | 9,0 kW | 667 h |
Las horas equivalentes son el consumo anual dividido entre la potencia: cuántas horas tendría que funcionar la máquina al máximo para entregar todo el calor del año. El reglamento de ecodiseño usa 2.066 horas para su clima medio de referencia, que es más frío en diseño que una ciudad de zona D. Una máquina capaz de entregar todo el invierno en menos de 900 horas pasa la mayor parte de la temporada parada o arrancando y parando.
Los ciclos aparecen en los días templados. Con 7 °C en la calle, este piso pide 1,95 kW; con 12 °C, 1,25 kW. Los dos equipos citados antes, cuyo mínimo con aire templado ronda los 3–3,7 kW, estarían a ciclos casi todas esas horas. Encaja mejor una máquina pequeña elegida por su potencia a −4 °C con el agua a la temperatura que piden los radiadores.
Por último, el punto bivalente. Supongamos un equipo hipotético que, con el agua a la temperatura de los radiadores, da 3,0 kW a −7 °C y 4,0 kW a +7 °C. Su potencia cruza la demanda del piso en torno a −2,5 °C. A −4 °C le faltarían 0,27 kW, un 8 % de la carga, y solo en las horas más frías del año: un hueco que cubre sin problema la resistencia de apoyo.
Qué pedirle al instalador
- El cálculo de cargas, a ser posible por estancias según la UNE-EN 12831-1, con la temperatura exterior que ha usado.
- La potencia de la máquina propuesta a esa temperatura exterior y con la temperatura de impulsión que necesitan tus emisores, no la nominal a +7 °C.
- La potencia mínima del equipo o, en su defecto, los datos de carga parcial de su ficha de ecodiseño.
- La potencia de la resistencia de apoyo y en qué condiciones entra.
- Cómo ha resuelto el agua caliente: volumen del depósito y horario de recarga.
Quien dimensiona bien no tiene problema en enseñar estas cifras. Si la respuesta es «para 90 m² se pone una de 9 kW», ya sabes de dónde sale.
Si ya tienes una máquina sobredimensionada
Normalmente no compensa cambiarla. Pregunta a tu instalador si tu modelo permite limitar la potencia o la frecuencia máxima del compresor, ajustar la curva de calefacción para que el agua salga lo más templada posible y alargar los tiempos mínimos entre arranques. Comprueba también que el circuito tenga suficiente volumen de agua: con muy poca, los ciclos se acortan. Con esos ajustes trabajará de forma más estable, aunque no tan bien como una de su talla.






